viernes, 27 de marzo de 2009

LIBERTAD PARA ELEGIR

Cuando mi madre enfermó, creí que si moría, junto a ella mi vida se terminaría. Y no es porque sea un hijo dependiente de su madre, sino todo lo contrario... fui el peor hijo para ella.
Fui quien le dio disgustos, quien la tuvo en vilo y la hizo renegar, contrariándola y llevándola a vivir situaciones muy angustiantes. Y obviamente de la mano de la pequeña, fueron los peores momentos que vivió mi madre.
La obligué a parirme mil veces, con dolor, arrancándole las entrañas con mis borracheras, con mis ideas de suicidio y mis depresiones, con la acusación de pederasta, con la exposición pública y humillante a la cual la niña me expuso. Con ese "amor" tan enfermo y obsesivo, inhumano y humillante que mi madre hubiese querido arrancarme.
Vi su llanto y fui indiferente, vi sus intentos por salvarme, pero jamás pude sujetar su mano y huir... ahí seguía, inmóvil y dependiendo de una adolescente terrible y desquiciada.
Por eso cuando mi madre enfermó, pensé que iba a quedarme sin lágrimas.
Mis hermanos generosamente no me reprocharon nada, solo me contuvieron y me consolaron, como tantas otras veces anteriores.
Reconocieron mi culpa y negándola, me brindaron Amor, seguramente aprendido o heredado de mi madre, un Amor incondicional.

Diariamente iba a verla en terapia intensiva, y sujetándole la mano me quedaba con ella todo el tiempo que podía.
Había dejado de trabajar, de comer, de vivir.
Nuevamente me encontraba rezando, pero esta vez sin pedir que Dios me lleve, sino que mi madre se quede con nosotros...

Mis hermanos, que tienen hijos y familia, trabajaban y confiaban que yo su hijo con horarios mas disponibles, la cuidaba y me quedaba con ella. Así que me dormía junto a mi madre, o en la sala de espera, o cerca suyo, transcurriendo mis días en ese lugar donde probablemente nuestra madre podía morir, o despertar, o vivir para escucharme pedirle perdón una vez mas.

Era una jugada del destino de la cual no sabíamos el desenlace.

Por ese motivo, mi vida permanecía ahí, junto a mi madre, minuto tras minuto, alimentándome de culpa y bebiendo mis propias lágrimas.
Pocos minutos me retiraba a mi casa, para ducharme, afeitarme y volver.
Entre médicos y pacientes, mis días parecían infinitos.
Con la esperanza que mi madre despertara, sonriera y volviese a verla en la casa, riendo, cantando o renegando con nosotros.
Un día de esos, mi madre empeoró terriblemente.
Fue de un momento al otro, que los médicos me avisaron que quizá no pasaría de esa noche.
Llamé a mis hermanos, y me quedé solo, sentado en el pasillo de la clínica, llorando sin poder parar, sin vergüenza a que me vieran, secando mis lágrimas como un niño abandonado, sintiéndome sin techo, al borde de un precipicio, por primera vez terriblemente impotente.


En medio de mi llanto desconsolado, un pequeño hombro me brindó cobijo, y una piel muy blanca y perfumada, me albergó en el abrazo mas deseado.
Era ella, la pequeña, que una vez mas, llegaba de la nada... para consolarme.
Sentada junto a mi, en silencio, caían sus lágrimas mojando mi pelo y me abrazaba fuertemente, como queriendo meterse dentro mío y vivir ese dolor por mi.

Pude sentirla, y su abrazo era el único que podría hacerme sentir mejor.

Ningún otro abrazo había logrado consolarme de la misma manera.
Y como en otras ocasiones, sus brazos fueron mi mejor refugio, en la pequeñez de su tamaño, en la enormidad de su llanto.
Mis ojos que casi no podían ver por las lágrimas, subieron a mirarla.
Y pude ver su mirada, profunda, oscura y transparente, mojada y triste... era ella, una vez mas.
Besé sus labios como quien busca oxígeno y le dije al oído: TE AMO, TE VOY A AMAR SIEMPRE. NO TE VAYAS, QUEDATE CONMIGO.
Y tumbándome sobre sus piernas, apoyando mi cabeza en su regazo, me quedé dormido mientras ella me acariciaba el pelo y quedaba en silencio, secando mis lágrimas que casi magicamente dejaban de brotar.


Mi hermano me despertó cuando llegaron...


Confundido y con mi cabeza apoyada sobre un pequeño suéter negro a modo de almohada, busqué a la pequeña entre la multitud de parientes que estaban llegando.
No la encontré. Se había ido.
En el bolsillo de mi abrigo, que me cubría el torso, había una nota que decía: TE AMO, TE VOY A AMAR SIEMPRE, NO TE VAYAS, QUEDATE CONMIGO...


Mi madre esa noche despertó y a la semana siguiente la trajimos a casa.

Hicimos una fiesta en su honor y pude pedirle perdón y decirle cuánto la amo.


A los pocos días, busqué a mi pequeña convertida en esta hermosa mujer, para agradecerle su consuelo de ese día tan terrible...
Pero lo que solo estaba planificado como un simple café, se fue rodeando de palabras de amor, de besos, de caricias y de un afecto puro y noble, sin rencores y sin malos recuerdos.

Nos amamos, en el cuarto de un hotel de La Plata, hicimos el amor tantas veces como el tiempo nos lo permitió, nos besamos y nos reencontramos, pasamos una noche de amor sin fin.
TE AMO, TE VOY A AMAR SIEMPRE, QUEDATE CONMIGO... me decía una y otra vez... mil veces, sonriendo, bañándome en su pelo, en su aroma, regalándome el momento mas feliz de mucho tiempo, haciéndome soñar con que el amor podía ser posible, delirando con sus besos, sus caricias y su piel.
TE AMO, TE AMO, TE AMO, TE AMO, mil veces, en todos los idiomas, en todas las formas posibles, de todas las maneras que puede expresarse.


Pero como siempre, no podía ser perfecto.

El hechizo de ese momento inolvidable, se perdió con un llamado telefónico que la arrancó de mis brazos, dejándome solo.

En ese instante, noté cómo sus ojitos comenzaban a llorar, no deseaba irse, pero tenía que hacerlo.
Tomó su ropa, sus cosas, pidió un taxi y se fue.
A los cinco minutos ya no estaba mas a mi lado.
Me vi solo, en un cuarto de hotel, lleno de preguntas sin respuestas.

Me sentí el peor idiota, el mas necio, el mas ignorante.

Tomé mi teléfono para llamar a mi trabajo, y vi casi con indiferencia la fecha, 20 de marzo de 2008.
Esa fue la última vez que la tuve junto a mí, sola y mía.
Sin presentir que esa misma fecha, sería la despedida, de su cuerpo, de su pasado, y que tal vez dejaría dentro suyo, lo mejor que podría pasarle, y por lo cual ella hoy siente deseos de ser feliz y de vivir.
Solo espero que en algún momento el secreto me sea develado.

Y que mi sueño, al fin sea una realidad.

Mientras tanto, la veo desde lejos, y recuerdo.

La dejo hacer, crecer y elegir con quién transcurrir sus dias.

Como siempre ... la dejo libre.

viernes, 20 de marzo de 2009

UNA VEZ MAS Y PARA SIEMPRE...

Ella era capaz de hacer cualquier cosa con tal de tenerme a su lado la mayor parte del tiempo posible, nada le importaba mas ni la entretenía de mejor manera, que saberme pendiente de ella, preocupado, enamorado, desesperado, asustado, o hechizado por su cuerpo. La idea era tenerme ahí, cerca suyo a cualquier precio.
Yo debía dejar mi vida, mi familia y mis responsabilidades de lado tan solo para estar con ella, porque de lo contrario, se enojaba, lloraba y cortaba su cuerpo como desgarrándose por dentro.
Los días que jugaba al fútbol con mis amigos, ella nos acompañaba, no por elección mía, sino porque ella quería estar ahí. Yo hubiera preferido estar solo con mis amigos, porque ella tenía la facilidad de arruinar cualquier momento ante mi mas mínima distracción con algo que no fuera ella misma. Celos, inseguridades o simplemente tristeza, se apoderaban de ella, y de un segundo al otro saltaba de la tranquilidad a la locura del llanto o de los reclamos a los gritos.
Esos episodios de ira y maltrato, solían repetirse casualmente cuando se interponía un tercero entre nosotros, ya sea un amigo, un sobrino, mi madre, mis hermanos, y ni decirles si se trataba de alguna amiga mujer o simplemente conocida.
Supervisaba cada uno de mis movimientos, de mis amistades y de los lugares que yo frecuentaba. Conocía todo lo que yo hacía y controlaba las situaciones en las cuales podía involucrarme o no.
Abusaba de su aspecto, dado que la belleza que poseía le abría puertas en cualquier parte, y jamás era invitada a retirarse de ningún lado. Al contrario... si ella quería algo lo conseguía, de cualquier forma posible, siempre lo lograba.

Fue así que una noche, cuando tenia diecisiete años, me vi envuelto en la locura de sus caprichos, de sus persecuciones y de su odio-amor .
Mi amiga Cecilia solía venir pocas veces a Buenos Aires, y cuando venía, nos encontrábamos junto con otros amigos, para celebrar, para contarnos todo y para reconfirmar nuestra amistad.
Un sábado cada seis meses, le dedicaba a mi amiga, aquella salida amistosa, pero la pequeña, odiaba ese momento, y hacía todo lo posible para que yo no fuera.
Recuerdo el día en que Cecilia cumplió veinticinco años, invitándome a su fiesta, me dijo: no la traigas, no la quiero en mi cumpleaños.
Me sentí afectado por la dureza de mi amiga, y no quise ir a su fiesta.
Ese viernes, la pequeña llegaba del colegio para instalarse en mi casa todo el fin de semana, y obviamente que recordaba que era el cumpleaños de mi amiga.
Me preguntó por que no iba a la fiesta a lo que respondí: Cecilia no quiere que vayas vos, entonces no pienso ir tampoco.
Mientras la miraba a los ojos, vi como se le nublaba la mirada, y comenzaba a llorar de emoción.
me dijo casi balbuceando: "entonces Ale... me querés... eso es porque me querés..." como buscando en aquella actitud mía una demostración de amor o la seguridad de reconocer su poder sobre mi.
Este fue el diálogo que tuvimos según lo recuerdo:


c- Yo sabía mi amor, algún día vos ibas a defenderme y a quedarte conmigo, yo siempre supe que Cecilia no me quería... ella sabe que vos estas enamorado de mi y eso le molesta mucho...


a- No, como le va a molestar... no es eso, C, pasa que vos siempre armás despelotes en todos los lugares a los que vas conmigo, ella no quiere problemas en su fiesta, ni celos, ni caras largas, el problema no es Cecilia, el problema sos vos C.


c- pero... si yo no le hice nada, al contrario, siempre estoy bancando que vos estés con ella cada vez que viene, es tu amiga, puedo entenderlo... aunque no estoy dispuesta a perderte ni por ella ni por nadie.


a- Siempre lo mismo!! por que crees que vas a perderme?? No seas insegura!! Acá estoy con vos, no ves? no me ves que elijo quedarme con vos antes que ir a lo de Cecilia? no te alcanza con esto?


c- No, porque estás echándomelo en cara, siento que te quedaste conmigo solamente para hacerme sentir mal, que te debo alejandro? NADA TE DEBO! VOS ELEGISTE QUEDARTE CONMIGO! no te debo nada.


a- Ok, mirá... terminemos con esta conversación, porque si voy te molesta, si me quedo te molesta, si te llevo te portás mal y si te dejo te enojás. Sabés que? me voy solo.


Tomé un abrigo, las llaves de mi auto y de mi casa, la tomé del brazo y conduje hasta su domicilio. La dejé ahí y partí para la fiesta de mi amiga, solo.
No estaba dispuesto a exponerme al ridículo otra vez, con una malcriada que pretendía apartarme de mis afectos, con su egoísmo e inseguridad volviéndome loco.


Camino a la casa de Cecilia, en silencio, la culpa me torturaba, sentía pena y dolor, culpa y remordimiento por haberla dejado. Yo era todo lo bueno que ella tenia, y a cada instante me lo hacía saber... Yo era su vida, su todo, la única persona que la amaba y la cuidaba, sin mi ella no era nada, no quería vivir mas.
Si bien, sabía que esas frases eran parte de su manipulación sobre mi, las creía, las necesitaba, quizá por esa dependencia enfermiza del uno hacia el otro, o porque mi pequeña era la única persona que me hacía sentir valioso y amado al punto de la obsesión.
Cuando llegué a la casa de mi amiga, me recibió con un abrazo, y entre las palabras de bienvenida me dijo: te juro Ale, que estaba segura que ibas a venir con C.
Callé, porque el silencio era lo único que podía sostenerme. No quise hablar sobre ella, solamente para no herirla ni con el pensamiento, para no nombrarla ni permitirle a Cecilia que la critique, que la toque con alguna palabra fuera de lugar sobre su persona, callé para callar a mi amiga, porque la pequeña era perfecta para mí, y nadie podía criticarla, porque yo no podía aceptar ni mis propias críticas hacia ella. La protegí de Cecilia, como siempre hacía con todo el mundo, y solo atiné a decirle: No digas nada de ella, porque voy a defenderla y vamos a pelear.


La noche transcurrió tranquila, yo había bebido moderadamente, lo que me permitió conducir de vuelta a mi casa, escuchando música en mi auto, luego de pasar una velada agradable, llena de reencuentros y abrazos, de anécdotas y risas...
Recordaba las veces que durante esa fiesta necesité a la pequeña junto a mi. Me había echo mucha falta.
Pensando en ella y en su ausencia, sentí un amor enorme, puro, tierno, único y también enfermo y lastimado.
Sin saber el futuro de la frase tan polémica me pregunté: ¿Cómo puedo amarla tanto y por momentos odiarla infinitamente? y la respuesta a mi pregunta aparecería ante mis ojos minutos después.

Estaba llegando a mi casa, cuando la vi.

Menuda, acurrucada y dormida en el umbral de mi casa, abrazada a un gatito callejero, con el cual seguramente se había identificado.
No pude creerlo.
Eran las cinco de la mañana y ella estaba ahí, dormida, bajo la noche, sin protección, sin nadie que la reclamace, esperando que yo vuelva, como un perro que aguarda por su amo.
Estacioné el auto en infracción, y corrí hacia ella que acurrucada dormía casi sobre la vereda.
La desperté y me abrazó como quien abraza a su padre, y sin soltar a su gato callejero, se prendió a mi cuello como una niña, y dejó que la cargara hasta el asiento del auto.

Estaba helada.

La cubrí con mi abrigo y sin decirle una palabra, entré el auto al garage.
No tenía palabras, no podía creer que estuviese sola, en la calle, tirada sin que nadie la buscase.
Ella me miraba y sonreía entredormida y abrazaba al gatito que seguramente nunca había tenido mejor cuna que sus brazos.
Sin hablarle, la bajé del auto y entramos a mi casa.
Preparé un té para ambos, mientras ella bajaba la mirada, acariciaba al gato, y esperaba mis retos, mis reproches y todo lo que habitualmente hacía, llevarla a su casa, o llamar a su padre para que viniese a buscarla.
Pensé fríamente en lo que iba a decirle, no quería herirla y además me sentía muy culpable por no haberla llevado conmigo.


a- Tenés conciencia de lo que pudo haberte pasado no? sola, tirada en la calle, te parece bien? que necesidad tenés de hacerme esto?


c- no lo hice para hacerte mal a vos.


a- lo hiciste C ! verte ahí me hizo mierda sabes? por que me haces esto?? POR QUE ME HACES ESTO???


y en mi ataque de ira, comenzaron a brotar lágrimas de mis ojos, de impotencia, de furia y de desesperación.


a- POR QUE ME HACES ESTO C ?? por favor te lo pido, dejame ser feliz... por favor te lo pido...


c- Es que yo quiero hacerte feliz... yo no puedo estar lejos tuyo Ale... no llores... si no me pasó nada no ves? llegaste vos, como siempre, acá estas cuidándome una vez mas... ves? a nadie le preocupo, solo a vos...


a- BASTA POR FAVOR... BASTA.


Para ese momento, yo ya estaba arrodillado junto a ella, llorando y suplicándole que deje de torturarme.
Fue tan horrible la sensación de responsabilidad sobre ella que sentí al verla ahí, en la calle, esperándome tirada en la vereda, fue tanto miedo ante la posibilidad de que le pasara algo, se me cruzaron tantas imágenes horribles en las cuales pudo verse involucrada... que mi cerebro iba a estallar.
Y nadie había hecho nada !!! pudieron haberla matado, violado, drogado, secuestrado, etc etc y NADIE LO HUBIESE NOTADO??

La abracé fuerte y le pedí que me prometa que no volvería a hacer algo así nunca mas.
Pero ella se quedó en silencio, sin prometer nada... como sabiendo de antemano que su locura volvería una y otra vez para desquiciarme, para envolverme en miedo, y para no alejarme de ella nunca mas... nunca mas.

jueves, 19 de marzo de 2009

FLORES ELEGIDAS POR AMOR

Sé que no la amo, porque mi vida y mis mejores sentimientos pertenecen a otra persona.
Mis pensamientos no pasan por su parte buena, que realmente fue poca, sino por su parte mala, porque sé, estoy seguro, que ella no cambió.
Ninguna de las experiencias vividas la ha cambiado. Jamás creció.
Su vida y cada uno de sus días están rodeados de mentiras y elucubraciones que teje y teje desde su alma herida, siempre haciéndome el responsable de su desdicha y de su felicidad, obligándome a compartir sus días, porque de hecho, se instaló en mis pensamientos a toda hora, aunque no la ame.
Y yo... en mi idiotez, creo que debo cuidarla... no se por que designio, por que estigma pienso eso. Lo he creído, y ella me lo recuerda, me lo hace sentir: " vos me cuidas, jamás nadie me cuidó como vos"...
Recuerdo antes que nazca su beba, solía visitarme en mi casa, y se quedaba conmigo horas, buscaba mi compañía, como necesitando volver a la protección que en otra época le brindé.
Pero ambos no éramos los mismos, y en algún momento de la charla volvía su rencor y mi dolor... y su vientre abultadamente tierno nos recordaba los por qué no.
Un día antes que su hija naciera, me hizo prometerle que iría con ella a la clínica en el momento del parto, obvio que le dije que no.
Para esa fecha, ya había planeado mi muerte en la net, y el nacimiento de su hija coincidiría con el fin del blog, de las seguidoras y del odio que generé contando la verdad... quise librarla de todo.
Sabía que morir, provocaría en la gente que me quería de verdad, en esos afectos que pude cosechar por este medio, un dolor infinito.
Sentí nuevamente la necesidad de callar y otorgar. Pero con eso, no me sentí libre.
Se me ocurrió lo del cáncer porque realmente esta relación fue un cáncer para mi, y aunque todavía lo llevo, dudo si alguna vez podré extirparlo completamente.
Me cuesta mucho hablar, con la gente que me rodea, de este tema, por eso el blog es como mi terapia, acá no puedo mentir ni alguien puede verme cuando lloro.
Necesito que la gente que me lea, me diga que no fui un hijo de puta, que no hice todo el daño que ella me atribuye, quizá sea solo por eso.
Como les contaba, el día del parto pensé en ella todo el tiempo.
Estaba en mi trabajo, y no podía concentrarme.
Era su día soñado, su día mas feliz.
Estaba en mi trabajo, viendo por la ventana, mi auto frente a mi vista, a un paso las llaves y ella necesitándome ahí, a unos kilómetros de distancia que podría recorrer en menos de una hora...

Y no pude resistirme.

Cerré mi laptop, tomé el saco de mi traje, el celular, las llaves y salí, ante la mirada de mi secretaria que me preguntaba dónde iba...
Antes de poner el auto en marcha, me vi en el espejo retrovisor, y me sentí un idiota otra vez...
me quedé sentado viendo a la nada... meditando si esa era la decisión correcta, y puse el motor en marcha.
Pero cuando estaba a punto de arrancar a su encuentro, llegó la mujer que amo y sonriendo se me acercó invitándome a almorzar con ella.
Vi su pelo brillando con el sol, su sonrisa amplia, su cara suave y su mirada dulce. En ese momento supe lo afortunado que soy de tenerla, pero aún así, le dije donde tenía pensado ir, y le pedí que me acompañase.
Mi novia, como es muy segura de si misma y sabe todo lo que pasé este tiempo, aceptó acompañarme y reconoció mi incertidumbre y el miedo que sentí haciendo eso.
Al momento de subir a mi auto, sentí que su imagen se iluminaba. No podía ser mas generosa.
Ella sabía que yo iba a necesitarla, y también sabe de mi espíritu de superhéroe frustrado y decadente. Y yo me sentía mejor teniéndola cerca mio.
Conduje hasta la clínica, y sin preguntar me dirijí a la sala donde la futura madre estaba a punto de parir. La sala estaba rodeada por sus afectos, así que decidí quedarme distante, abrazando a mi amor, seguramente la vería cuando la llevasen a la sala de partos, solo para desearle buena suerte.
Ahí pude reconocer algunos rostros familiares, que afortunadamente no me reconocieron.
En un momento se abrió la puerta y una camilla apareció ante sus familiares, era la que iba a conducirla hacia el quirófano, donde su hija nacería.
En ese instante, pude colarme entre la multitud y llegar hasta la puerta previa de la sala de operaciones, junto a mi novia que no se despegaba de mi ni un segundo.
Sus familiares no la acompañaron hasta la sala de partos, se quedaron en la sala decorando con globos y flores la próxima bienvenida de la pequeñita bebé.
Acostada sobre la camilla, con su pelito envuelto en un saco tipo bolsa descartable, sus manos blancas apoyadas sobre su gran vientre, sus hombros al descubierto, sus ojos entredormidos, y seguramente muerta de miedo, pude verla entrar al quirófano.
Pero antes, como si Dios me hubiese abierto la puerta para darle aliento, ella giró la cabeza y me vio. Donde estábamos parados era casi zona restringida al público, pero ella al verme, le dijo a su médico que quería saludarme.
Me acerqué a la camilla, le tomé la mano y le dije: BUENA SUERTE, con mi sonrisa mas sincera.
Ella me miraba feliz, sus ojos tenían un brillo especial, y sus manos aunque temblaban estaban tibias. Sonreía, y me miraba directo a los ojos.
Pero de la misma manera que había girado la cabeza para verme, la giró para ver a mi novia que se encontraba a unos tres metros de nosotros.
Y cuando volvió a mirarme, sentí que iban a brotarle lágrimas... y en ese momento sentí que no estaba en el lugar correcto, que me había equivocado una vez mas.
Me soltó la mano, y su médico la entró a la sala previa al quirófano sin alejar su mirada de la mía.
Ahí me quedé, parado... por unos minutos. Con miedo a mirar a mi novia a los ojos, con vergüenza, me sentí sucio, infiel y acorralado. Sentí culpa nuevamente y no pude pensar mas que en abrazar a esa mujer fuerte y generosa que me miraba sonriendo y me tomaba el rostro con las dos manos para besarme y regalarme su mirada mas dulce.
Luego fuimos a la cafetería y hablamos al respecto, así tuve la oportunidad de pedirle perdón.
Aunque ella repetía una y otra vez: - perdón por que? si estoy acá con vos... porque vos quisiste que venga, pudiste haberme mentido y no lo hiciste... eso deja todo claro Ale, vos me amas a mi.
Y sentí paz.
Sonreí y la abracé como agradeciéndole lo que estaba viviendo conmigo.
En un momento ella se puso de pie y anunciándome que iba al baño, se alejó de mi unos minutos.
Volvió con una gran sonrisa y un enorme ramo de flores coloridas.
Y con su sonrisa de perlas y su aroma fresco y radiante, me dijo: DEJASELAS A LA ENFERMERA PARA QUE SE LAS DÉ. Y así lo hice.
Y me sentí feliz, porque tal vez ahora todo cambiaría... y la pequeña al fin crecería... y me dejaría libre.

jueves, 12 de marzo de 2009

LAS CARTAS


Pequeñas notas que ella iba dejándome a modo de recordatorios, de su obsesión por mi, de su locura desmedida por pertenecerme aún sin que yo lo deseara. Se me entregaba jurándome un amor único e irrepetible, que sin dudas, con el paso del tiempo, lo fue.
Nadie me amó tanto ni tan mal. Y aunque siento que debo estar agradecido de su amor "sin medida", también siento que ella debería pedirme perdón.
Cada segundo de su "inmenso" amor fue devastado con cada palabra de su obra literaria.
Cuando leí su libro sentí, no solo impotencia, sinó unas incontenibles ganas de llorar sin parar.
Y aunque no pude seguir con el mandato social de "los hombres no lloran", lloré, como un niño, en donde creí que no quedaban mas lágrimas, fueron brotando renovadas, por la misma herida de siempre.
Como les decía, estas notas aparentemente dulces y amorosas, eran como un recordatorio constante de su poseción, yo le pertenecía y no dejaría por ningún modo que alguien mas se me acercara.
Las dejaba sobre la mesa, entre mis libros, en mis objetos personales, en todas partes por mi casa, debajo de mi almohada, entre mi ropa, en todas las malditas partes que le fueran posibles.
Llegué a odiarlas, y encontrarlas fue transformando la dulzura en pánico, el detalle de amor en obsesión y miedo. Recordándome todo el tiempo que yo ya no tenía vida, y que todo pasaba a través de ella, que me controlaba, me vigilaba, y sacaba conclusiones de cada uno de mis movimientos mientras no se encontraba a mi lado.
En su cuerpito pequeño e indefenso, escondía el monstruo mas atroz y obsesivo.
Llegué a temerle, llegué a pensar que iba a matarme.
Como esa vez en su primera visita a su departamento, el miedo de los cuchillos, el miedo de ver mi propio departamento rearmado en su casa, en donde debería estar su espacio, todo igual, copiado a la perfección, su casa era la réplica de mi casa.
Con ese miedo me manejaba y me controlaba.
Viéndolo ahora a la distancia, puedo percibir que usaba todo eso para someterme y tenerme ahí a sus pies. Puedo entender perfectamente a las sectas religiosas, por ejemplos, a los líderes espirituales que pueden dominar y someter a multitudes, porque ella lo hacía conmigo, y ahora lo hace con sus lectores, o con toda la gente que la sigue. Es una encantadora de serpientes, y en ese momento, jamás dejaría que me escapase de su poder, a pesar que yo podía (como la serpiente) de un salto matarla, envenenarla o terminar con ella con solo proponérmelo.
Pero no pude. Y viví muchos años enredado entre sus sábanas, entre sus caprichos, entre la culpa y la desesperación, para no herirla, para no lastimarla, haciéndome cargo de sus cortos años, de sus mentiras y de sus lágrimas. Todo era mi culpa, su tristeza, su llanto, su delgadez, su mirada perdida como ausente, sus infinitos minutos de silencio y pensamientos indecifrables, su mirada triste y su furia.
Pero yo prefería quedarme con su risa, con su amor, con su pasión y sus TE AMO repetidos de todas las maneras posibles, aunque me invadiese, aunque me diera vergüenza, aunque se fuera con otro, y aunque mi salud fuera cada vez mas débil.
No tenía límites cuando quería algo. Lo conseguía a cualquier precio y en cualquier circunstancia.
Su belleza era una puerta siempre abierta, como una lámpara maravillosa que le concedía sus deseos. Así fue creciendo, bajo la mirada de nadie, sin guía, aprendiendo a sobrevivir en su jaula de oro, sola, desamparada y bella.
Su madre no era ni la décima parte de inteligente, pero su padre, era tremendamente instruido y astuto. Exitoso economicamente, con muchos contactos políticos y económicos, su hija supo heredar de el este maravilloso talento para crecer a cualquier costo, para ser vista y admirada, pero jamás respetada.
Sus hermanos crecieron a su sombra, dado que la "niña terrible" se llevaba toda la atención de sus padres, que se desvivían para evitar que se suicide, que caiga en adicciones, o que termine alejada de ellos.
Así mismo, su niña se las arreglaba para saltar de cama en cama, probando todo, alcoholizada y drogada, riendo y gritando, saltando y bailando desenfrenadamente, ante la mirada de todos, ante mis ojos, declarándome un amor que mas que hacerme sentir orgulloso, me avergonzaba, y si bien cualquier hombre aprovecharía su belleza para llevarla a la cama, yo prefería conducirla a su casa, o a la mía, bañarla, prepararle café y tratar de "componerla" antes de presentarla en su domicilio, pero sin tocarle un pelo, sin abusarme de ella, admirando su cuerpo hermoso, entregándose generosa y dulce, obligándome a rechazarla, por su borrachera, su mirada perdida o su sonrisa fácil.
Varias veces luego de "recomponerla" tuve que soportar los gritos de su padre acusándome, con su manera soberbia, culpándome de las desgracias de su hija, y a la vez, a ella, peleando con su padre, defendiéndome, llorando a gritos, pidiendo quedarse conmigo, forcejeando para que no la entren a su casa, pataleando y gritando, entre los brazos de su padre y su madre, pidiendo a gritos que la dejen conmigo.
Sus gritos no podrán irse jamás de mi mente, mientras la enorme puerta se cerraba ante mi mirada indignada... "no te vayas! no te vayas! llevame con vos Ale! dejame papá!!! no quiero estar acá !!! déjenme en paz!!! Ale! Aleee!!"
Pero la enorme reja y la mas enorme puerta de su jaula dorada, me recordaban nuevamente dónde ella pertenecía, y sus gritos me hundían en un arrepentimiento, en la culpa y la duda de haber hecho lo correcto.

NO SE PUEDE MORIR FACILMENTE

Nada supieron de mi desde el momento de mi muerte.
Uno elige morir tal vez para intentar olvidar, o para simplemente alejarse del ruido de los pensamientos y los sentimientos. Uno siempre elige morir.
Y si vuelvo es por ella.
Una vez mas hipnotizando mis sentidos con su voz, pidiéndome que vuelva.

Era un dia soleado, de los que nadie debería perderse.
Mi casa estaba desordenada pero fresca, el sol entraba por la ventana, y la idea de mi muerte me daba paz, me dejaba solo y sin mas recuerdos ni relatos. Libre.
Ella debía ser feliz con su sueño cumplido, yo era feliz con un amor merodeándome como una mariposa colorida y suave.
Ese dia de sol, no esperaba su llamado.
Imaginé que no llamaría mas, pero otra vez me equivoqué.
Su voz sonó en el auricular de mi teléfono y mi piel se erizó, mi voz tembló y supe una vez mas que jamás iba a morir para ella.
Insinuante y feliz, me contaba sus últimas vivencias maravillosas, el mágico camino de dar vida, el nacimiento del ser mas amado, el cambio de rumbo en su futuro, y la belleza de su niña.
Yo la oía casi sin pronunciar palabra, preguntándome una vez mas, por que estaba contándome todo eso?
por que precisamente a mi ?
Por momentos sentí que ella necesitaba hacerme partícipe de su felicidad a modo de perdón.
Como si estuviese perdonándome por el daño que le causé.
Valía la pena pasar por todo lo que había pasado si el camino conduciría a donde se encuentra hoy. Plena y feliz.
Me repetía una y otra vez: "quiero verte, necesito verte, al menos dame la posibilidad de seguir leyéndote".

Pedir perdón no alcanza. Pero sepan entenderme. Necesité morir para poder seguir.
No culpen a nadie ni juzguen a nadie, fue mi idea, aunque decidí volver quizá para entretenerlos, o porque tal vez, mucha gente depende de este blog para ser un poco feliz o distraerse.
Cientos de mails.
Personas enfermas, hospitalizadas, niñas adolescentes, solas, personas en prisión tratando de volar entre las rejas a través de un relato, gente que necesita unos minutos para soñar y para meterse en esta historia para escapar tal vez de un trabajo aburrido y gris, que necesitan leer mi blog, y lo que cuento en el.
Aún queda mucho por contar.

Gracias por volver.

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